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Invitado especial

AÑO SACERDOTAL: ALIENTO DEL ESPÍRITU

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Sin terminar el AÑO PAULINO, el Papa Benedicto XVI inauguró el AÑO SACERDOTAL el viernes 19 de junio de este año, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, jornada anual de oración por la santificación de los sacerdotes. Apoya esta convocatoria el Papa en la celebración de los 150 años del “nacimiento para el cielo” del Santo cura de Ars, San Juan Bautista María Vianney, que celebramos el pasado 4 de agosto (Murió el 5 de agosto del año 1859).

¡Qué oportuno este AÑO SACERDOTAL! La Iglesia lo necesita,  a los sacerdotes nos urge y el mundo lo reclama ansioso. El lema de este AÑO SACERDOTAL marca su derrotero: “Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote”.  La misión de Cristo en la tierra fue fundamental, única y esencial para la salvación de la humanidad y, apoyados en esta realidad, la misión del sacerdote como “OTRO CRISTO” es fundamental, es indispensable para la Iglesia de Cristo, para el mundo, para los hombres.

Nos preguntamos ¿Qué sacerdote para qué Iglesia? Nuestra Iglesia no puede ser sólo un movimiento histórico, así sea enorme y muy significativo, que puede terminar en una sólida institución social o en una agencia humanitaria. Nuestra Iglesia debe ser siempre fiel reflejo de la acción de Dios en el mundo, en el hombre. Y sabemos bien cuál es esta acción en el misterio de la Encarnación, vida, pasión y muerte de Jesucristo. La Iglesia de Cristo debe ser una fiel proyección del Jesús que vivió entre nosotros y del Cristo que nos señaló claramente el derrotero, el camino redentor, la vía hacia la salvación. Teniendo esto claro, el sacerdote debe ser un fiel discípulo de Cristo, imitador constante de su acción en este mundo, en medio de los hombres. Teniendo claro lo que es la Iglesia de Cristo comprenderemos lo qué debe ser el sacerdote de Cristo. Esto es lo que quiere el Papa que revisemos en este AÑO SACERDOTAL, claramente expresado en el lema del año: “FIDELIDAD DE CRISTO, FIDELIDAD DEL SACERDOTE”.

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En medio de un mar de confusiones y de planteamientos contrarios al Evangelio de Cristo, incluso en el seno mismo de la Iglesia, me permito sucintamente indicar en dónde debe radicar la fidelidad del sacerdote católico.

La eficacia de nuestro ministerio sacerdotal radica en el constante redescubrimiento y aplicación del extraordinario e indispensable don de gracia que recibimos el día de nuestra ordenación sacerdotal, para ser “OTROS CRISTOS”, en la contemplación y en la acción. Es cierto que somos sacerdotes para el servicio a la comunidad. Esta es la línea social-funcional del sacerdocio. Pero también es cierto que somos sacerdotes por un don concedido por Dios, a través de la mediación de la Iglesia. Esta es la línea sacramental-ontológica. (Cfr. J. RATZINGER, Ministerio y vida del sacerdote). A la línea social-funcional corresponde el primado de la Palabra y del servicio del anuncio y a la línea sacramental-ontológica está vinculado el primado de la Eucaristía. Estas dos líneas no se contraponen, no pueden contraponerse; no se excluyen, no pueden excluirse mutuamente. Entonces el sacerdote es el servidor de la comunidad: convoca, anuncia y celebra. El primado del anuncio, la palabra y el signo son inseparables. Los sacerdotes no podemos vivir un auténtico sacerdocio al margen de la Iglesia, en contravía de la Iglesia.

Teniendo esto claro, tanto la Iglesia como los sacerdotes debemos estar continuamente abiertos a la acción del Espíritu Santo. Sin él la Iglesia terminaría obedeciendo quizá a grandes iniciativas humanas y fuertes movimientos eclesiales encerrados en sí mismos, cerrados a la participación y excluyentes de iniciativas válidas porque el Espíritu sopla donde quiere y cuando quiere. En la Iglesia para todos hay sitio, reconociendo y respetando los límites de la ortodoxia, dentro de la auténtica legitimidad, con reconocimiento y aprecio. Así se enriquece la vida y la actividad de la Iglesia, de nuestras comunidades. Si la Iglesia no se cierra a la variedad, estará caminando hacia la ansiada universalidad. La apertura de esta Iglesia marca la apertura del sacerdote que necesitamos, que necesita el mundo, que reclama la humanidad.

Esta Iglesia y este sacerdote. Bien vale la pena que aprovechemos este llamado del Papa a “volver a las fuentes” del sacerdocio que no es sino la fuente de la Iglesia: CRISTO, El Evangelio, Palabra y Acción. Aprovechemos la vivencia de este AÑO SACERDOTAL.

Pbro. Mario Alvarez Gómez 
Parroco de la Catedral
Santa Rosa de Osos

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